Meditaciones bíblicas

La oración es la fe en acción. Y la fe incondicional siempre precede a la experiencia.

Despertemos la fe, y así tendremos suficientes "señales en el camino". La oración es la forma más radical de la fe, es decir, de la humildad ante Dios. Tal fe tiene los ojos que, en cada evento de la vida, pueden ver mucho más de lo que a uno le gustaría comprender de una manera inmediata y directa.

Para orar en la soledad hay que tener tiempo. ¿Y tenemos nosotros tiempo para rezar? Jesús llama al coraje. Y para la base de tal coraje se ofrece a sí mismo. Nos da su presencia, su fuerza, su ayuda y, especialmente, su amor. Señor, incita con tu Espíritu a todos nosotros, los miembros de Zdenac, a reconocer y sentir el poder de tu presencia en todas las pruebas de la vida.

 La solidaridad es el mayor milagro. De ella surgen otros milagros. Cuando hablamos de compartir pan, nos referimos principalmente al amor. Sin amor en el corazón es imposible ser benevolente en compartir.

Y ahora el hombre miraba el campo (su propia vida) con los ojos completamente diferentes: ahora conocía el secreto. El campo parece bastante común para todos. Pero él sabe que hay un tesoro en él. Un cristiano que imita a Cristo no solo obtiene un corazón nuevo, sino también ojos nuevos. Él ve la "perla" en todas las cosas creadas. Reconoce un "tesoro escondido" en algún dolor, pérdida, injusticia.

Lo muy importante es LA VIGILANCIA DE LOS PADRES Y PADRINOS para cooperar constantemente con el Espíritu Santo, que los guiará en la educación de sus hijos. Viviendo vidas ejemplares y reconociendo las "máscaras" bajo las cuales se esconde el Maligno y ofrece las bellezas de este mundo, ellos guiarán a los hijos de Dios a crecer y fortalecerse en los dones del Espíritu Santo,,,,

Prepararse implica pasar un tiempo especial a solas con Jesús. Es la oración personal de "caminar" con Jesús en el campo; y de escuchar su parábola del sembrador de la Palabra, 

 

En el Evangelio, Jesús nos invita a tomar su yugo sobre nosotros y aprender de Él la mansedumbre y la humildad. Sus enseñanzas y su ejemplo son su yugo. Es dulce y fácil. Estamos sujetos a una naturaleza que usa todo para obtener algún beneficio y la gloria. Desde un punto de vista de las personas naturales y carnales, el yugo de Jesús es imposible de soportar.

 

Por eso, vivimos una vida profética, sin cálculos personales. Somos llamados, como Cristo, a ser profetas, cuyo trabajo está dirigido a los más necesitados. Tenemos una gran responsabilidad; a través de nosotros, Jesús abre la posibilidad a los demás de obtener la recompensa divina.

 

Jesús no garantiza la vida sin el sufrimiento y martirio. Él subordina la vida terrenal a la vida eterna. Le da el valor de "quien se pone de mi parte ante los hombres”, se salva para la vida eterna.

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