Sábado, 27.06.2020. 10:26

XIII. Domingo Ordinario

Primera lectura

Lectura del segundo libro de los Reyes (4,8-11.14-16a):

Un día pasaba Eliseo por Sunam, y una mujer rica lo invitó con insistencia a comer. Y, siempre que pasaba por allí, iba a comer a su casa.
Ella dijo a su marido: «Me consta que ese hombre de Dios es un santo; con frecuencia pasa por nuestra casa. Vamos a prepararle una habitación pequeña, cerrada, en el piso superior; le ponemos allí una cama, una mesa, una silla y un candil, y así, cuando venga a visitarnos, se quedará aquí.»
Un día llegó allí, entró en la habitación y se acostó.
Dijo a su criado Guejazi: «¿Qué podríamos hacer por ella?»
Guejazi comentó: «Qué sé yo. No tiene hijos, y su marido es viejo.»
Eliseo dijo: «Llámala.»
La llamó. Ella se quedó junto a la puerta, y Eliseo le dijo: «El año que viene, por estas fechas, abrazarás a un hijo.»
Palabra de Dios.

 

Salmo

Sal 88,2-3.16-17.18-19
R/.
 Cantaré eternamente
las misericordias del Señor


Cantaré eternamente las misericordias del Señor,
anunciaré tu fidelidad por todas las edades.
Porque dije: «Tu misericordia es un edificio eterno,
más que el cielo has afianzado tu fidelidad. R/.

Dichoso el pueblo que sabe aclamarte:
camina, oh Señor, a la luz de tu rostro;
tu nombre es su gozo cada día,
tu justicia es su orgullo. R/.

Porque tú eres su honor y su fuerza,
y con tu favor realzas nuestro poder.
Porque el Señor es nuestro escudo,
y el Santo de Israel nuestro rey. R/.

 

Segunda lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos (6,3-4.8-11):

Los que por el bautismo nos incorporamos a Cristo fuimos incorporados a su muerte. Por el bautismo fuimos sepultados con él en la muerte, para que, así como Cristo fue resucitado de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en una vida nueva. Por tanto, si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él; pues sabemos que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más; la muerte ya no tiene dominio sobre él. Porque su morir fue un morir al pecado de una vez para siempre; y su vivir es un vivir para Dios. Lo mismo vosotros, consideraos muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús.
Palabra de Dios.

 

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Mateo (10,37-42):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles: «El que quiere a su padre o a su madre más que a mí no es digno de mí; el que quiere a su hijo o a su hija más que a mí no es digno de mí; y el que no coge su cruz y me sigue no es digno de mí. El que encuentre su vida la perderá, y el que pierda su vida por mí la encontrará. El que os recibe a vosotros me recibe a mí, y el que me recibe recibe al que me ha enviado; el que recibe a un profeta porque es profeta tendrá paga de profeta; y el que recibe a un justo porque es justo tendrá paga de justo. El que dé a beber, aunque no sea más que un vaso de agua fresca, a uno de estos pobrecillos, sólo porque es mi discípulo, no perderá su paga, os lo aseguro.»
Palabra del Señor.

 

Para la construcción espiritual de los miembros de Zdenac

 

En el evangelio de hoy, Jesús nos da dos recomendaciones: a los apóstoles y a todos los que envía para proclamar su nombre, y a aquellos que reciben a los que Él ha enviado. Él les dice a sus discípulos, y por lo tanto a nosotros, cómo debe ser nuestro amor - el amor y la fidelidad - si queremos ser dignos de Él.

 

La fidelidad y el amor al Señor son la base de la credibilidad de un apóstol; siempre debemos estar listos hasta para perder nuestras vidas por Él. Jesús en primer lugar.

 

Examinemos nuestro propio amor por el Señor, examinemos si es completo, sin cálculos, sacrificado y abnegado.

 

Él es nuestro ideal, amemos con su amor. Nos invita a la devoción completa al Padre. Nunca estemos en discrepancia, por amar en la tierra algo o alguien más que el Señor. Seamos abiertos al plan de salvación.

 

¿Somos conscientes de que estamos llevando a cabo Su misión en el mundo? Él llama nuestra atención para ser los profetas y los justos en el mundo, no dignatarios; porque quien lo proclama y lleva a cabo su misión está llamado a vivir la vida Divina.

 

Si enfatizamos en primer lugar lo espiritual, por lo cual realizamos el servicio de Cristo, no se nos ocurrirá vender a bajo precio la reputación espiritual que nos ha dado Cristo, y que le ha costado caro al dar su vida.

 

Por eso, vivimos una vida profética, sin cálculos personales. Somos llamados, como Cristo, a ser profetas, cuyo trabajo está dirigido a los más necesitados. Tenemos una gran responsabilidad; a través de nosotros, Jesús abre la posibilidad a los demás de obtener la recompensa divina.

 

No tengamos miedo de pertenecer completamente al Señor; porque solo de esa manera nos encontraremos, y seremos para los demás una bendición y un camino hacia la recompensa de la vida eterna.

N. M.

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