Sábado, 20.06.2020. 10:34

XII. Domingo Ordinario

Primera lectura

Lectura del libro de Jeremías (20,10-13):

Dijo Jeremías: «Oía el cuchicheo de la gente: "Pavor en torno; delatadlo, vamos a delatarlo." Mis amigos acechaban mi traspié." A ver si se deja seducir, y lo abatiremos, lo cogeremos y nos vengaremos de él." Pero el Señor está conmigo, como fuerte soldado; mis enemigos tropezarán y no podrán conmigo. Se avergonzarán de su fracaso con sonrojo eterno que no se olvidará. Señor de los ejércitos, que examinas al justo y sondeas lo íntimo del corazón, que yo vea la venganza que tomas de ellos, porque a ti encomendé mi causa. Cantad al Señor, alabad al Señor, que libró la vida del pobre de manos de los impíos.»
Palabra de Dios.

 

Salmo

Sal 68,8-10.14.17.33-35
R/.
 Que me escuche tu gran bondad, Señor

Por ti he aguantado afrentas,
la vergüenza cubrió mi rostro.
Soy un extraño para mis hermanos,
un extranjero para los hijos de mi madre;
porque me devora el celo de tu templo,
y las afrentas con que te afrentan caen sobre mí. R/.

Pero mi oración se dirige a ti,
Dios mío, el día de tu favor;
que me escuche tu gran bondad,
que tu fidelidad me ayude.
Respóndeme, Señor, con la bondad de tu gracia;
por tu gran compasión, vuélvete hacia mí. R/.

Miradlo, los humildes, y alegraos,
buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón.
Que el Señor escucha a sus pobres,
no desprecia a sus cautivos.
Alábenlo el cielo y la tierra,
las aguas y cuanto bulle en ellas. R/.

 

Segunda lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos (5,12-15):

Lo mismo que por un hombre entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte, y así la muerte pasó a todos los hombres, porque todos pecaron. Porque, aunque antes de la Ley había pecado en el mundo, el pecado no se imputaba porque no había Ley. A pesar de eso, la muerte reinó desde Adán hasta Moisés, incluso sobre los que no habían pecado con una transgresión como la de Adán, que era figura del que había de venir, Sin embargo, no hay proporción entre el delito y el don: si por la transgresión de uno murieron todos, mucho más, la gracia otorgada por Dios, el don de la gracia que correspondía a un solo hombre, Jesucristo, sobró para la multitud.
Palabra de Dios.

 

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Mateo (10,26-33):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles: «No tengáis miedo a los hombres, porque nada hay cubierto que no llegue a descubrirse; nada hay escondido que no llegue a saberse. Lo que os digo de noche decidlo en pleno día, y lo que escuchéis al oído pregonadlo desde la azotea. No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. No, temed al que puede destruir con el fuego alma y cuerpo. ¿No se venden un par de gorriones por unos cuartos? Y, sin embargo, ni uno solo cae al suelo sin que lo disponga vuestro Padre. Pues vosotros hasta los cabellos de la cabeza tenéis contados. Por eso, no tengáis miedo; no hay comparación entre vosotros y los gorriones. Si uno se pone de mi parte ante los hombres, yo también me pondré de su parte ante mi Padre del cielo. Y si uno me niega ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre del cielo.»
Palabra del Señor.

 

 

Para el crecimiento espiritual de los miembros de Zdenac

 

El profeta Jeremías vive en la época de la persecución de los judíos al cautiverio babilónico. Él profetiza sobre la ruina del pueblo y de Jerusalén. Fue sentenciado a muerte dos veces. La primera vez fue salvado por un sirviente en la corte del rey, y la segunda vez por un oficial de la corte. Su profecía está relacionada con su sufrimiento personal y su experiencia de la salvación de Dios mismo. En su lucha contra los falsos profetas y reyes que lo arrestan y lo persiguen, Jeremías soporta la oposición y el "talón elevado" que lo pisotea. Pero su confianza se basa en Aquel que lo envía a predicar la conversión a la salvación.

 

En el Evangelio, Jesús anima a sus discípulos que, en el tiempo de la persecución, piensen y confíen en Dios, que puede arrojar alma y cuerpo al infierno. Él hace una comparación con pequeños gorriones, que, aunque insignificantes en comparación con otras aves, aún no mueren sin el permiso de Dios. Ustedes son más valiosos que muchos gorriones. Se cuenta cada pelo en su cabeza y cada uno es importante.

 

Todo lo que me pasa a mí, entra en el plan de mi Padre, que también es su Padre.

 

Jesús no garantiza la vida sin el sufrimiento y martirio. Él subordina la vida terrenal a la vida eterna. Le da el valor de "quien se pone de mi parte ante los hombres”, se salva para la vida eterna.

 

Reconocer a Jesús en esta persecución terrenal implica vivir Su evangelio y brillar con la verdad, justicia, misericordia en las circunstancias de la oscuridad, persecución, olvido...

 

El séptimo don del Espíritu Santo es el TEMOR DE DIOS, como la mayor expresión de la adoración del Dios Inconmensurable, Inaccesible y Omnipresente. A través de este don, el Espíritu Santo nos permite confiar y seguir a Jesús, Camino, Verdad y Vida.

 

Señor, gracias y gloria porque somos tan importantes para ti que enviaste a tu único Hijo para enseñarnos a vivir, y para salvarnos con su preciosa sangre. Presérvanos del desánimo y del pensamiento que valemos tanto como nuestra vida terrenal significa a los ojos de los incrédulos.

 

Llénanos con el Espíritu de sabiduría y fortaleza para mostrar tu presencia con nuestras vidas y palabras, y para llamar a la conversión y caminar hacia la Vida eterna en Cristo Jesús.

Hna. Ljilja Lončar

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