Viernes, 05.06.2020. 22:04

Domingo de Santísima Trinidad

Primera lectura

Lectura del libro del Éxodo (34,4b-6.8-9):

En aquellos días, Moisés subió de madrugada al monte Sinaí, como le había mandado el Señor, llevando en la mano las dos tablas de piedra. El Señor bajó en la nube y se quedó con él allí, y Moisés pronunció el nombre del Señor.
El Señor pasó ante él, proclamando: «Señor, Señor, Dios compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia y lealtad.»
Moisés, al momento, se inclinó y se echó por tierra. Y le dijo: «Si he obtenido tu favor, que mi Señor vaya con nosotros, aunque ése es un pueblo de cerviz dura; perdona nuestras culpas y pecados y tómanos como heredad tuya.»
Palabra de Dios.

Salmo

Dn 3,52-56

R/. A ti gloria y alabanza por los siglos

Bendito eres, Señor, Dios de nuestros padres,
bendito tu nombre santo y glorioso. R/.

Bendito eres en el templo de tu santa gloria. R/.

Bendito eres sobre el trono de tu reino. R/.

Bendito eres tú, que sentado sobre querubines
sondeas los abismos. R/.

Bendito eres en la bóveda del cielo. R/.

Segunda lectura

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios (13,11-13):

Alegraos, enmendaos, animaos; tened un mismo sentir y vivid en paz. Y el Dios del amor y de la paz estará con vosotros. Saludaos mutuamente con el beso ritual. Os saludan todos los santos. La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo esté siempre con todos vosotros.
Palabra de Dios.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Juan (3,16-18):

Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna. Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios.

Palabra del Señor.

Para el crecimiento espiritual de los miembros de Zdenac

En el nombre del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo comenzamos nuestro día. Nuestros padres y padrinos nos llevaron a la puerta de la Santísima Trinidad, el sacerdote nos asperjó con agua y presionó una cruz en nuestra frente, que es el sello del Espíritu Santo. Es el acto oficial de la Iglesia para recibirnos en el Pueblo Santo de Dios. Mucho antes, desde la concepción misma de nuestras madres, consagrándose con el signo de la cruz y el nombre de la Santísima Trinidad, ellas santiguaban en sí mismas y a nosotros. Durante nueve meses pedían día y noche "En el nombre del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo".

Este domingo celebramos la Santísima Trinidad. La primera lectura enfatiza a Dios como un buen Padre. No se lo llama explícitamente el Padre, sino se enumeran sus cualidades paternas. Misericordioso y amable, lento para la ira, rico en amor y fidelidad; es justo así como el padre cristiano trata a sus hijos.

La segunda lectura enfatiza el papel del Espíritu Santo. La alegría, el consuelo mutuo, la paz, la perfección, la armonía - son los frutos del Espíritu Santo. En la lectura se colocan en forma verbal, como unas tareas. Necesitamos participar activamente en el cumplimiento de las condiciones para que nuestro Espíritu y el Espíritu Santo den fruto para nuestra propia salvación y la salvación de los pueblos, personas y comunidades.

Pablo transmite saludos a los cristianos de Corinto, llamando santos a los miembros de la comunidad en la que se encuentra y desde la cual escribe. La santidad es por la gracia de Jesucristo, en el amor de Dios Padre y en la comunión del Espíritu. Somos santos porque la Santísima Trinidad se ha establecido en nosotros; habita en nosotros como miembros de la Iglesia de Cristo, incluidas todas las denominaciones cristianas: la ortodoxa, la protestante y otras iglesias separadas. En la Santísima Trinidad existe la unidad en el Espíritu Santo, y esa unidad se refleja en la unidad mística terrenal de todos los cristianos. Por eso toda Iglesia es santa.

El Evangelio habla de Jesús, el Hijo Unigénito, y de su misión de salvar a todos los que creen en Él: sean judíos, griegos, esclavos u hombres libres, sean hombres o mujeres.

El Padre de la Misericordia permanece solo en el cielo, renunciando a su Hijo en su "forma" original para salvar a su criatura dándole su naturaleza divina. Nunca más habrá un Dios "puro" en la Santísima Trinidad. Toda la Trinidad en sí misma ha cambiado sustancialmente por la encarnación de la otra Persona Divina. Por la resurrección de Jesús, la Santísima Trinidad es el hombre, una comunidad de carne y hueso, Iglesia de todas las naciones y tribus, pueblos y lenguas;

Iglesia que está orientada al mundo y envía a sus misioneros no a condenar al mundo, sino para que el mundo se salve a través de ellos, a través de Jesús, que tiene su corazón y su rostro. Esa es nuestra vocación y nuestra misión. Ser la morada de la Santísima Trinidad: que la gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor de Dios Padre y la comunión del Espíritu Santo estén presentes en lugares y naciones para salvarles para la vida eterna.

Hna. Ljilja Lončar

Misionera de la Misericordia

 

 

 

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