Martes, 24.03.2020. 13:55

Tercer Domingo de Cuaresma

Primera lectura

 

Lectura del libro del Éxodo (17,3-7):

En aquellos días, el pueblo, torturado por la sed, murmuró contra Moisés: «¿Nos has hecho salir de Egipto para hacernos morir de sed a nosotros, a nuestros hijos y a nuestros ganados?»
Clamó Moisés al Señor y dijo: «¿Qué puedo hacer con este pueblo? Poco falta para que me apedreen.»
Respondió el Señor a Moisés. «Preséntate al pueblo llevando contigo algunos de los ancianos de Israel; lleva también en tu mano el cayado con que golpeaste el río, y vete, que allí estaré yo ante ti, sobre la peña, en Horeb; golpearás la peña, y saldrá de ella agua para que beba el pueblo.»
Moisés lo hizo así a la vista de los ancianos de Israel. Y puso por nombre a aquel lugar Masá y Meribá, por la reyerta de los hijos Israel y porque habían tentado al Señor, diciendo: «¿Está o no está el Señor en medio de nosotros?»

Palabra de Dios.

 

Salmo

 

Sal 94,1-2.6-7.8-9

R/.
 Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor:
«No endurezcáis vuestro corazón.»


Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos. R/.

Entrad, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo, el rebaño que él guía. R/.

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras.» R/.

 

Segunda lectura

 

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos (5,1-2.5-8):

Ya que hemos recibido la justificación por la fe, estamos en paz con Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo. Por él hemos obtenido con la fe el acceso a esta gracia en que estamos: y nos gloriamos, apoyados en la esperanza de alcanzar la gloria de Dios. Y la esperanza no defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado. En efecto, cuando nosotros todavía estábamos sin fuerza, en el tiempo señalado, Cristo murió por los impíos; en verdad, apenas habrá quien muera por un justo; por un hombre de bien tal vez se atrevería uno a morir; mas la prueba de que Dios nos ama es que Cristo, siendo nosotros todavía pecadores, murió por nosotros.

Palabra de Dios.

 

Evangelio de hoy

 

Lectura del santo evangelio según san Juan (4,5-42):

En aquel tiempo, llegó Jesús a un pueblo de Samaria llamado Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José; allí estaba el manantial de Jacob. Jesús, cansado del camino, estaba allí sentado junto al manantial. Era alrededor del mediodía.
Llega una mujer de Samaria a sacar agua, y Jesús le dice: «Dame de beber.» Sus discípulos se habían ido al pueblo a comprar comida.
La samaritana le dice: «¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?» Porque los judíos no se tratan con los samaritanos.
Jesús le contestó: «Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, le pedirías tú, y él te daría agua viva.»
La mujer le dice: «Señor, si no tienes cubo, y el pozo es hondo, ¿de dónde sacas agua viva?; ¿eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados?»
Jesús le contestó: «El que bebe de esta agua vuelve a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré nunca más tendrá sed: el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna.»
La mujer le dice: «Señor, dame de esa agua así no tendré más sed ni tendré que venir aquí a sacarla.»
Él le dice: «Anda, llama a tu marido y vuelve.»
La mujer le contesta: «No tengo marido».
Jesús le dice: «Tienes razón que no tienes marido; has tenido ya cinco y el de ahora no es tu marido. En eso has dicho la verdad.»
La mujer le dijo: «Señor, veo que tú eres un profeta. Nuestros padres dieron culto en este monte, y vosotros decís que el sitio donde se debe dar culto está en Jerusalén.»
Jesús le dice: «Créeme, mujer: se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén daréis culto al Padre. Vosotros dais culto a uno que no conocéis; nosotros adoramos a uno que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero se acerca la hora, ya está aquí, en que los que quieran dar culto verdadero adorarán al Padre en espíritu y verdad, porque el Padre desea que le den culto así Dios es espíritu, y los que le dan culto deben hacerlo en espíritu y verdad.»
La mujer le dice: «Sé que va a venir el Mesías, el Cristo; cuando venga, él nos lo dirá todo.»
Jesús le dice: «Soy yo, el que habla contigo.»
En aquel pueblo muchos creyeron en él. Así, cuando llegaron a verlo los samaritanos, le rogaban que se quedara con ellos. Y se quedó allí dos días. Todavía creyeron muchos más por su predicación, y decían a la mujer: «Ya no creemos por lo que tú dices; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es de verdad el Salvador del mundo.»

Palabra del Señor.

 

Para el crecimiento espiritual de los miembros de Zdenac

 

Una de las citas bíblicas que muestra con mayor claridad el amor de Dios para nosotros la encontramos en la epístola de San Pablo a los romanos de este domingo: "La prueba de que Dios nos ama es que Cristo, siendo nosotros todavía pecadores, murió por nosotros."¿Cuántas veces nos  preguntamos si Dios realmente nos ama o por qué no lo sentimos? Y muchas veces nuestros pensamientos se dirigen a las cosas negativas en nuestro corazón, a nuestros pecados y debilidades, y creemos que probablemente nos ha abandonado. Pero esta cita refuta ese pensamiento. En esta oración, Dios nos dice que su amor es incondicional; no está determinado por nuestros pecados, y nunca cambia. Dios mismo muere por nosotros mientras todavía estamos en pecado, mientras cometemos los mismos errores y omisiones. Los mismos pecados. La revelación de que Dios nos ama con tanta locura que no espera que le correspondamos el amor, sino que muere antes de que lo hiciéramos - cuando todavía somos injustos con Él y no queremos escuchar de Él (consciente o inconscientemente) - nos debería alentar a preguntarnos "¿Cómo es posible?” y a comenzar a empaparnos cada vez más de ese pensamiento de su loco amor, hasta que ese amor de Dios por nosotros se convierte en nuestra vida; la vida que nos cambia desde adentro.

 

Es la misma revelación que sintió la mujer samaritana; la revelación que cambió su comprensión de sí misma, de la gente, de Dios. Ella, que iba por el agua durante el mayor calor del día, escondiéndose de la gente porque estaba avergonzada de su pasado, sintió en ese hombre peculiar, Jesús, una aceptación y un amor que no era humano. Su acercamiento a ella, en el que le prestó toda su atención, le devolvió la dignidad perdida; en el encuentro con el amor de Jesús, ella sintió una oportunidad de cambio. Se le devolvió la fe de que era posible que alguien la amara, y ese fue el comienzo de su viaje de transformación; regresó entre sus vecinos, ya sin sentir vergüenza, y les contó sobre ese encuentro transformador. ¡Solo el amor puede provocar tal cambio!

 

La sola idea de que Dios te ama sin fin y cuando estás lejos de su amor te quiere aún más, debería ser el detonante de un gran cambio en tu vida. Deja que ese pensamiento, que Dios te ama tanto, te conquiste. Ríndete a él y ríndete a Dios. Comienza a vivir sintiéndote amado y correspondiendo ese amor hacia Él - y esta Cuaresma es una buena oportunidad para ello.

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